¿Qué son los paraísos fiscales?

Valora este artículo
(0 votos)
paraiso fiscales0Son países o territorios, donde las legislaciones fiscales prácticamente no existen, que, por motivos económicos, ofrecen facilidades fiscales a inversionistas extranjeros que operan offshore, Se puede hablar de estados que ofrecen un régimen fiscal favorable y una total desregulación al capital. En los últimos años, casi todos los paraísos fiscales han adoptado leyes para proteger la propia entidad financiera de los capitales producto del tráfico de droga o del terrorismo, pero como estamos seguros de que nuestros lectores no desean hacer ninguna actividad ilegal, no deben preocuparse porque siempre mantendrán el anonimato. Muchos países han aprobado legislaciones más severas que comprenden, en general, el tráfico ilícito (armas, drogas, personas, órganos, etc.), los fraudes, pero excluyen la evasión fiscal (siempre que provenga del extranjero).

Una reciente investigación, realizada por la publicación Euroshore, coordinada por el profesor V. Uckmar, dividió a los 48 países analizados en tres grupos de centros financieros, incluyendo paraísos fiscales y países a baja imposición fiscal:
  1. Países que tienen contacto directo, sea geográfico, político y económico con la Unión Europea (Andorra, Mónaco, Bermuda, Malta, San Marino, etc.)
  2. Economías en transición que pertenecían al antiguo bloque soviético (Rumania, Moldavia, Albania, etc.)
  3. Jurisdicciones offshore que no pertenecen al ámbito europeo (Bahamas, Barbados, Macao, Panamá, Seychelles, etc.)
Existen otras 200 jurisdicciones que ofrecen facilidades fiscales y algunas de estas son países de altas imposiciones tributarias como, por ejemplo, Estados Unidos, por tanto, es importar conocer las ventajas que ofrece cada una de estas jurisdicciones para decidir dónde y cómo sería mejor operar para tomar ventaja de uno o más incentivos que reciben los inversionistas no residentes.

Es importante recalcar que el paraíso, en sentido general, no existe, por lo menos desde el punto de vista económico. Cada uno de estos países ofrecen determinadas ventajas que no están presentes en otros. En el orden financiero, los paraísos fiscales se dividen en tres tipos: paraísos para las personas físicas, paraísos para las personas jurídicas (sociedades) y paraísos para las personas físicas y jurídicas. Vale la pena resaltar la importancia de aquellos países considerados de “Tránsito Monetario” (por ejemplo, República Dominicana) que no se pueden considerar propiamente Paraísos Fiscales, pero que, gracias a los tratados de doble imposición  o de la entrada en vigor de leyes especiales favorecen directamente su uso, en conjunto con los paraísos fiscales, como refugio impositivo.

No todos los paraísos fiscales son iguales

En un informe publicado por la ONG Global Financial Integrity (GFI) apareció que 6,5 billones de dólares del mundo en desarrollo se perdieron en el agujero negro de los flujos financieros paralelos en la pasada década —una forma velada de referirse a los centros financieros offshore en los paraísos fiscales— donde, según el estudio, América Latina se encuentra representada en la lista de los 10 países emergentes con mayor fuga de capitales, aunque el líder continúa siendo China.

“Esto incluye desde la distorsión de precios del comercio internacional hasta la evasión fiscal y el dinero de la corrupción”, aseveró el economista jefe de GFI, Dev Kar, coautor del informe citado junto a Karly Curcio. En dicho lapso se duplicó el flujo ilegal de capitales latinoamericano, con un promedio anual de 105.000 millones de dólares.

La mayoría de esta fuga de capitales corrió por cuenta de entidades económicos legítimos: multimillonarios, multinacionales o entidades financieras. De acuerdo con el GFI, los 10 países con más flujos financieros ilícitos son: China, 2,18 billones de dólares; Rusia, 427.000 millones; México, 416.000 millones; Arabia Saudita, 302.000 millones; Malasia, 291.000 millones; Emiratos Árabes Unidos, 276.000 millones; Kuwait, 242.000 millones; Venezuela, 157.000 millones, Qatar, 138.000 millones, y Nigeria, 130.000 millones de dólares.

El tercer país en el ranking de GFI es México y su mayor fuente de fuga de capitales es la distorsión de precios de productos y servicios de las grandes corporaciones. El ranking de las 10 naciones deja una cosa en claro: la inmensa mayoría —incluyendo a los dos países latinoamericanos— son productores de petróleo.

De acuerdo con el economista argentino Jorge Gaggero, representante de América del Sur para Tax Justice International, una ONG que lucha por la justicia y transparencia fiscal, los datos muestran que se trata de un fenómeno estructural.

“Se trata de una tendencia creciente, pero que no varía con la expansión o contracción de una economía: es de carácter estructural. Hay una ingeniería financiera internacional muy aceitada a través de la opacidad y el secreto bancario que brindan los centros financieros offshore”, consideró Gaggero.

Luego el economista agregó que a este flujo de fondos ilegítimos habría que agregar el llamado “hot money” (dinero caliente), que es un monto especulativo que entra y sale y provoca inestabilidad financiera.

Sin embargo, en su análisis el economista omite una verdad irrefutable: el flujo de dinero hacia los paraísos fiscales se debe, por una parte, a los países que quieren cubrir el desmesurado gasto público con altos impuestos, por otra a la inseguridad monetaria y física que empuja a los inversionistas a trasladar sus capitales en centros financieros más estables. Según el tono de su discurso, todo indica que Gaggero es un portavoz más de la amplia campaña de descrédito orquestada por algunos gobiernos hacia los centros financieros offshore para hacerlos ver como “nidos de lavado de dinero, narcodólares y cuentas manejadas por terroristas”.

El GFI vuelve a la carga al referir que, en la última década, en América Latina el denominado “flujo ilegal” o dinero tramitado en paraísos fiscales anualmente se comportó así: México, 46.000 millones de dólares; Venezuela, 17.000 millones; Argentina, 10.000 millones; Chile, 8.000 millones y Costa Rica, 4.400 millones de dólares. Sería interesante preguntarle a los analistas del GFI el porqué ellos asocian el “flujo ilegal” de dinero a los paraísos fiscales. ¿No sería más honesto nombrar con pelos y señales cuáles paraísos fiscales se prestan al sucio juego del “hot money” criticado, entre otros, por Gaggero?

Tanto el GFI como Tax Justice International coinciden en que la imagen de isla paradisíaca, refugio de millonarios, dictadores y mafiosos, es una simplificación de que todo el “hot money” va a parar a las cuentas bancarias en los paraísos fiscales. En el listado que han compuesto ambas organizaciones figuran en los primeros cinco lugares el estado de Delaware (Estados Unidos), Luxemburgo, Suiza y la City de Londres, junto con la caribeña Islas Caimán.

Unos meses después de la caída de Lehman Brothers, el G20 anunció el fin de los paraísos fiscales y uno de sus miembros más prominentes, el ex presidente francés Nicolás Sarkozy, manifestó la necesidad de “refundar el capitalismo”. Un viejo adagio refiere que, para algunos, es mejor “botar el sofá que averiguar las causas del adulterio cometido sobre él”.

Recordemos también qué es un paraíso fiscal: “Aquellos territorios o Estados que se caracterizan por aplicar un régimen tributario muy favorable a los ciudadanos y empresas residente o no residentes (offshore), que operen a efectos legales en ellos.

Estas ventajas consisten en una exención total o una reducción muy significativa en el pago de los principales impuestos.”
Como es natural, las empresas o individuos físicos apuestan por cuentas bancarias en paraísos fiscales fundamentalmente por la privacidad, pues las leyes no permiten el intercambio de la información fiscal con otros países, salvo en aquellos casos donde haya evidencias de que se trata de “hot money” (narcotráfico, lavado de dinero, financiamiento de terroristas, etc.) De no existir tales fenómenos, la banca offshore le permitiría al contribuyente la posibilidad de conservar sus ingresos sin que la hacienda de su país lo controlara. Otro factor a considerar en cuanto al creciente interés por tener cuentas bancarias en paraísos fiscales es el ahorro, así como la posibilidad de elevar las ganancias a través de la disminución de los pagos de impuestos. Asimismo, la seguridad es pieza clave entre las ventajas ofrecidas por las cuentas bancarias en paraísos fiscales. La mayoría de estas naciones se caracterizan por una situación política muy estable, algo que resulta muy apreciado para los residentes en países inestables. Entre los inconvenientes de la banca offshore figuran que, con mucha frecuencia, los bancos establecidos en paraísos fiscales son relacionados con la evasión de impuestos y el blanqueo de dinero, el clásico “hot money”. De ahí que las transacciones procedentes o con destino a los mismos suelen disparar las alertas y atraer una mayor inspección de las autoridades tributarias, y en algunos casos alguna banca offshore es vetada por organismos como el GAFI (Grupo de Acción Financiera Internacional) o, incluso, por otros bancos internacionales.

La crisis fiscal en los países desarrollados ha puesto el tema de la banca offshore sobre el tapete, pero ha chocado con los intereses creados y su poder de cabildeo en las más altas esferas de las democracias occidentales.

Especialistas estiman que Estados Unidos pierde en estos “agujeros negros” financieros unos 100.000 millones de dólares anuales, Francia 50.000 millones, Alemania 30.000 millones y el Reino Unido entre 40 y 80.000 millones de dólares.

En la actualidad existen mecanismos extremadamente eficaces para seguir la pista del “hot money”, y las autoridades están facultadas para recibir información sobre cuentas bancarias que resulten dudosas en paraísos fiscales. La cuestión es que hay quienes no entienden o, mejor escribir, no quieren entender, que no todos los paraísos fiscales son iguales.

Contáctenos

Debe escribir su nombre
Debe escribir su correo electrónico
Debe escribir el mensaje
Entrada no válida

S
O
P
O
R
T
E