Los días del secreto bancario en Suiza quedaron en el pasado

credit suisse 2Los días en que Suiza era vista como un país neutral, intocable incluso durante la Segunda Guerra Mundial y donde el secreto bancario era sagrado (desde 1934) han quedado muy atrás. En la actualidad, la nación helvética ha abierto las puertas por completo al intercambio de información fiscal con los gobiernos y con esto han puesto en peligro los intereses de todos aquellos que confiaron en los bancos suizos y colocaron allí sus capitales.
 
 
En Europa, por ejemplo, los Jefes de Estado y de Gobierno presionaron a todos los países, entre ellos a Suiza, para que aplicaran la nueva directiva del ahorro, que terminó con el secreto bancario en el seno comunitario. Ante tantas críticas, Suiza terminó por ceder y tácitamente renunció a su secreto bancario, por lo menos en lo que se refiere a una cincuentena de países que se comprometieron a aplicar, a partir de 2017, las reglas de intercambio de información que ha establecido la OCDE.
 
Por tanto, los Estados miembros de la Unión Europea recibirán, por primera vez, información sobre los intereses de cuentas, fondos y otros instrumentos financieros offshore que tengan sus ciudadanos en otros países. En este intercambio de información también se incluyen dividendos o ganancias de capital.
Ahora Bruselas exige a cada miembro que ofrezca información fiscal a otro país sobre los ciudadanos residentes con cuentas en el extranjero, así como todos los datos vinculados con tipos de ingresos diferentes del ahorro, rendimientos del trabajo, honorarios de directivos, seguros y pensiones.
 
Todo comenzó a complicarse desde 2009, cuando Suiza abrió una primera brecha al aceptar el intercambio de informes bancarios en caso de demanda de otro Estado. Esta supuesta “política de transparencia” encontró fuertes resistencias en pequeños bancos, abogados y gran parte del público; pero poco importó al gobierno de Berna.
 
¿Cuánto puedo afectar esto a un ciudadano? Mucho. Por ejemplo, si un ciudadano francés tuviera una cuenta bancaria sin declarar en Suiza y fuera descubierto, entonces los dos países pueden acordar una forma de aplicar tributos sobre esos bienes.
 
La presión hacia Suiza y la Unión Europea viene de varias partes, sobre todo de Estados Unidos que exige transparencia fiscal a los gobiernos o, de lo contrario, gravaría hasta en un 30% los flujos financieros que provengan desde EE.UU.
 
Frente a esto, las naciones europeas, temerosas de los castigos de la Administración Obama, decidieron firmar acuerdos bilaterales con Washington y enterraron, al parecer para siempre, el secretario bancario.
 
Las autoridades suizas también entraron en este juego para aplicar la nueva norma internacional que rige el intercambio automático de informaciones en materia fiscal. Al hacer esto rompieron uno de los mayores símbolos que había identificado a ese país: ya no es ni tan neutral ni muchos menos seguro.
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