Caoba, la fiebre del oro rojo

caobasLa caoba es una de las maderas más caras del mundo. Su color rojo y su durabilidad la han convertido en uno de los materiales de construcción más exclusivos y, para obtenerla, las personas parecen dispuestas a todo, incluso, a saltar por encima de la ley.

Un solo árbol de caoba puede significar ingresos por decenas de miles de dólares en el mercado internacional y estos altos precios han impulsado su tala excesiva, por lo que cada vez quedan menos en el planeta. Uno de los países donde todavía existen reservas es Perú, por lo que los taladores ilegales se han trasladado hasta allí. Durante mucho tiempo, Brasil fue la nación más asediada, pero desde que declaró una moratoria total en la tala, en 2001, toda la atención se volcó hacia Perú, a tal punto que, en la última década, el 80% de las importaciones de Estados Unidos de caoba provino de esa nación sudamericana.

Las enormes ganancias del comercio de caoba (el legal y el ilegal) benefician, sobre todo, a exportadores e importadores. En realidad, poco de ese dinero termina en manos de las comunidades indígenas quienes poseen—en la mayoría de las ocasiones—los derechos sobre la propiedad de los bosques tropicales donde se encuentran las caobas.

El desmedido interés hacia maderas preciosas, como el cedro y la caoba, ha llevado a que algunos expertos consideren la continua tala como una “fiebre del oro rojo”; aunque los taladores ya no se quedan solo en estas especies de árboles, sino que se han ampliado hacia otras, igual de grandes y duraderas, como la copaiba, el ishpingo, el shihuahuaco y la capirona.

La tala ilegal de la caoba casi la ha exterminado en Perú y esto ha dañado enormemente el medio ambiente. Los que reciben la peor parte son las comunidades indígenas que viven en los bosques y ven, a veces con cierta pasividad o silencio cómplice, cómo los bosques tropicales se reducen poco a poco. Los taladores ilegales se sienten impunes por varias razones. Ellos utilizan a los asentamientos indígenas para introducirse en los bosques, en la búsqueda de caobas. Si alguna autoridad los persiguiera, entonces tienen a su favor la enorme extensión de la selva del Amazonas, así que pueden escapar sin muchas complicaciones.
Además, estos contrabandistas engañan a los indígenas, que son muy pobres y poco instruidos, por lo que se conforman con cualquier cantidad de dinero que le ofrezcan los taladores. Tampoco puede olvidarse que, por lo general, los taladores—y los dueños de los aserraderos—suelen estar muy bien conectados con la policía y las autoridades locales, por lo que es difícil romper ese círculo vicioso que ha provocado la lenta muerte de las caobas.

La preocupación hacia la tala de las caobas llegó a ser tan grande que, en 2007, varios legisladores estadounidenses solicitaron una serie de reformas sobre protección del medio ambiente—entre ellas, una mayor atención a la tala de las caobas—como medida imprescindible antes de aceptar un acuerdo de libre comercio con Perú.

A pesar de la adopción de algunas medidas y de la preocupación internacional por la reducción del número de caobas, la “fiebre del oro rojo” sigue viva, especialmente en Perú. Las pobres condiciones en las que viven las comunidades indígenas, lo intrincado de los bosques tropicales que posibilitan escapes rápidos para los taladores ilegales y la enorme demanda de una madera preciosa y cara se combinan para que el Amazonas, el llamado “pulmón verde del planeta”, cada vez luzca menos verde.
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