El dilema del pago de los impuestos
El terrorismo aparece definido en muchos diccionarios como el “uso sistemático del terror, como modo de coerción” y no pocos creen que el gobierno norteamericano ha realizado, a lo largo de su historia, múltiples hechos de terrorismo. De acuerdo con la tan criticada Ley Patriota, aprobada poco después de los tristes sucesos del 11 de septiembre de 2001, es ilegal ofrecer dinero a una organización que practique el terrorismo, por tanto, siguiendo este razonamiento, sería ilegal pagar los impuestos federales en los países como Estados Unidos que practican terrorismo de estado.
Por supuesto que también son muchísimos los que se oponen a seguir esta idea. La gran pregunta parece ser, ¿para qué seguir pagando por políticas de estado y programas que nos colocan en serios peligros? El inútil derramamiento de sangre en nuestro nombre, pagado con el dinero que le damos al fisco, nos hace preguntarnos, una y otra vez ¿tiene sentido pagar impuestos por nuestras ganancias?
En realidad los más ricos—apenas el 1%—obtienen más beneficios y si se compara, pues pagan menos. Los millones de dólares que se gastan en campañas bélicas poco convincentes, creadas a partir de mentiras, ha llevado a que las encuestas de opinión muestren una tendencia muy clara: las personas piden con mayor fuerza un descenso en el presupuesto militar y más inversión en los programas sociales.
El dilema va más allá: no es solo cómo se emplea el dinero que pagan los ciudadanos por los impuestos, sino en la enorme cantidad que no llega a los presupuestos sencillamente porque los ricos no entregan todo lo que debieran. No es un secreto que las corporaciones y aquellos de más ingresos reciben cada año más ventajas en los impuestos. La frase, aunque tan repetida, sigue siendo válida: los ricos cada vez son más ricos y cierta parte de sus ganancias la destinan en obtener los favores de políticos para así asegurar mayores ventajas fiduciarias.
Volvemos a la interrogante: ¿para qué pagamos los impuestos? ¿Qué sucedería si por todas partes nos rehusáramos a pagarlos? Los gobiernos son vulnerables, porque dependen de un sistema basado en el ingreso por impuestos y si consideramos que gran parte de los presupuestos se destinan a la guerra, entonces no sería arriesgado decir que pagamos las balas de nuestros escuadrones de la muerte.
El asunto aquí es ¿en qué se emplea el dinero? ¿Cómo se adoptan las decisiones de los presupuestos de loas estados? En un mundo de economía tan convulsa, con tantas crisis, las personas pasan muchísimos trabajos para pagar la renta de sus hogares, las hipotecas, tampoco pueden costear sus seguros médicos, el desempleo crece; sin embargo, tienen que pagar a veces más del 30 % de sus ingresos para que aquellos que no pagan nada o muy poco, que ya tienen yates, joyas, residencias lujosas, disfruten de más privilegios. ¡No tiene sentido!
Afortunadamente crece el número de personas que dicen ¡no! Aquellos que se resisten a pagar impuestos, por razones de conciencia, para sostener el creciente auge del militarismo, prefieren redirigir su dinero a programas sociales; mientras otros se rehúsan a pagar por razones libertarias y también están los que, forzados a escoger entre tener suficiente comida para alimentar a sus familias o pagar los impuestos, eligen la decisión eminentemente política de pasar hambre. Por supuesto, la resistencia a pagar los impuestos tiene sus riesgos. Puede hacerse de forma simbólica, es decir, colocar una parte de los impuestos por aquí, otra por allá; puede hacerse con la expectativa de pagar más en intereses o multas, como un costo extra por rehusarse a cooperar voluntariamente, o pudiera requerir grandes cambios en la vida para encontrar empleos libres de impuestos. Ahora, es muy importante comprender los riesgos. Nadie debería arriesgarse a esto sin entender a qué se expone. Quizás más importante sea interiorizar que existen riesgos mayores en cooperar pasivamente con nuestra propia desaparición.
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