Cómo abrir una cuenta bancaria offshore

Abrir una cuenta bancaria offshore1Tiempo atrás incorporar una sociedad offshore y recibir una cuenta bancaria para dicha sociedad solía ser un proceso natural y rápido; sin embargo, esto ya no es así, a partir de las medidas adoptadas especialmente por el Grupo de los 8, para asegurar que los ciudadanos sigan pagando altos impuestos, tanto mediante legislaciones domésticas como indirectamente a través de la presión del Centro de jurisdicciones de finanzas offshore de la OECD.
 
 
Los requerimientos KYC (para el cliente), los regímenes de cumplimiento interno, auditorías externas y las presiones gubernamentales (FATCA y legislaciones similares), así como el aumento en los costos han incidido en que en el ambiente para abrir una cuenta bancaria offshore, tanto corporativa como personal, se haya vuelto muy difícil.
 
Diversos ejemplos sustentan las afirmaciones anteriores. El más fuerte de ellos es el de HSBC cuando anunció que no abriría más cuentas bancarias para sociedades BVI. Esto despertó enormes preocupaciones, sobre todo en los mercados asiáticos de Shanghái, Hong Kong y Singapur, por lo que el banco “cambió” su posición y decidió cobrar nada menos que 5000 dólares de honorarios por tan solo abrir una cuenta a una sociedad que estuviera incorporada en determinados países.
En la actualidad resulta imprescindible que el cliente conozca exactamente cómo utilizará esa cuenta bancaria, con qué banco trabajará que sea capaz de cumplir con sus exigencias y luego estar preparado para mantener ese servicio, que incluirá, como abordamos, el pago de un alto honorario.
 
No pocos clientes privados consideran que el hecho de tener una cuenta bancaria forma parte esencial de su estrategia fiscal y plan de protección de activos. Este resulta un enfoque errado. En realidad, las cuentas bancarias son solo necesarias para facilitar el movimiento de fondos. Si su planificación no necesitara mover con regularidad fondos, entonces no sería necesario trabajar con una cuenta bancaria dedicada.
 
En el pasado, las cuentas bancarias eran utilizadas por los clientes privados para acceder a fondos, sin revelar los procedimientos, por lo general mediante el empleo de tarjetas de débito y crédito. Sin embargo, sucede ahora mismo que las nuevas regulaciones implementadas sobre todo por los gobiernos apuntan precisamente a impedir este tipo de operaciones y, por tanto, afectan las actividades de planificación fiscal.
Un elemento que todo cliente debe tener en cuenta es que no todos los bancos funcionan igual. Existen diferentes combinaciones, no solo entre bancos, sino entre las diferentes sucursales de un mismo banco e, incluso, entre las personas que trabajan dentro de una misma sucursal de un banco. Todo esto explica la complejidad para que el cliente encuentre el banco que realmente se ajuste a sus necesidades.
 
Lo primero que debe tener en cuenta el cliente es saber si está buscando por un banco privado o comercial. El criterio para la banca de inversión es muy claro. Si el cliente no fuera una persona con mucha visibilidad política o no calificara por razones de diligencia debida, la única diferencia entre los criterios de aceptación entre bancos sería el tamaño de la cuenta.
 
La mayoría de la banca de inversión fija el mínimo de entrada en 5 millones de dólares (o su equivalente en otra moneda), pero también hay otros bancos que bajan ese límite hasta los 2 millones de dólares, a partir del valor futuro que perciban de esa relación con el cliente.
 
Por debajo de los 2 millones de dólares, realmente no existe una razón para un comienzo de planificación que lo vincule con un banco privado. Si una institución ofreciera servicios de banca privada por una cuenta menor de 2 millones de dólares en activos, sería mejor que el cliente se informara con sumo detenimiento del calendario de honorarios y de la solvencia económica de esa institución, para evitar ser estafado.
 
Encontrar el banco comercial más adecuado a las necesidades del cliente es un proceso totalmente diferente. La sugerencia inicial es comenzar en un nivel macro. El primer elemento es que el banco necesitará saber con claridad por qué usted quiere hacer negocios con esa institución. Dos factores determinan esa primera aproximación: ¿en qué país está localizado esa sucursal bancaria? y ¿en qué país reside el cliente que solicita abrir la cuenta bancaria?
 
Si el plan del cliente involucrara a una sociedad incorporada en Malta y se acercara a una sucursal bancaria de un banco con sede en Singapur o Hong Kong, de inmediato esas instituciones querrán saber los motivos de ese interés del cliente por ellos. Tal vez esa sociedad maltesa fuera propiedad de un residente de Hong Kong, que busca trabajar con ese banco para obtener acceso a la Unión Europea, mientras el banco de Singapur se especializa en las peculiaridades del intercambio financiero del producto del cliente. Estos son motivos suficientes para apoyar dicha aplicación a una cuenta bancaria en esas instituciones.
 
Sin embargo, por ejemplo, si el cliente fuera un estadounidense que tuviera una sociedad offshore registrada en Panamá y tratara de abrir una cuenta bancaria en los mismos bancos citados anteriormente (Hong Kong y Singapur) es muy probable que su aplicación fuera denegada.
 
Esto sucede porque cada banco tiene sus prejuicios con relación a determinadas jurisdicciones de donde provengan las aplicaciones de los clientes. A partir de los requerimientos de FATCA, no pocos bancos prefieren no aceptar clientes estadounidenses; pero el problema no es solo con los ciudadanos de ese país, ya que debido a diferentes políticas internas vinculadas con las jurisdicciones donde se registraron las sociedades o donde residan los clientes también podrían ser denegadas las aplicaciones.
 
Por todo lo anterior, resulta clave que los clientes encuentren el banco exacto (o una sucursal específica de dicho banco) que acepte la nacionalidad / jurisdicción relacionada con el plan específico del cliente; pero en la actualidad nada parece seguro, porque ni siquiera el hecho de que un determinado banco no tenga una restricción sobre una nacionalidad / jurisdicción garantiza que se aceptará la aplicación de una sociedad o cliente que provenga de esa jurisdicción.
 
Ante todas las presiones existentes para abrir cuentas bancarias en jurisdicciones offshore, incluso en centros bancarios internacionales prestigiosos como Dubái, Singapur y Hong Kong) los expertos han decidido retomar el concepto de banca onshore para sus clientes.
 
Los clientes solían resistirse a trabajar con la banca onshore, quizás no tanto por motivos fiscales como por preferencias de confidencialidad; pero ese elemento ya no es de peso en la actualidad, porque ahora resulta que existe menos confidencialidad y se respeta menos el secreto bancario en las jurisdicciones offshore que en las onshore.
 
Indudablemente el ambiente de la banca offshore ha cambiado notablemente en un breve período de tiempo. Las cuentas bancarias abiertas en tradicionales OFC cada vez son más discriminadas y los clientes rechazados. El reemplazo de esas cuentas con otras abiertas en centros financieros globales como Dubái, Singapur, Ginebra y Hong Kong es un proceso complicado y, sobre todo, costoso. Por tanto, cobra más importancia en la actualidad el hecho de retornar a la banca onshore, porque es menos costoso y las transacciones estarían menos prejuiciadas políticamente.
 
Una sugerencia esencial en la banca onshore es que el cliente trabaje con el banco a través de un bufete especializado para aumentar así sus posibilidades de ser aceptado en esa institución.
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